martes, 11 de octubre de 2016

¿HISTORIA O LEYENDA?... LA VIRGEN DEL PILAR.


HISTORIA DE LA VIRGEN

DEL PILAR.

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.



Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".
Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El mas antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. El sarcófago representa, en un bajo relieve, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza, en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".


Numerosos milagros de la Virgen
En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Sta.y Purísima Virgen y Madre de Dios, Sta. María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".

El Gran milagro del Cojo de Calanda (1640) Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna. Un día años mas tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio. Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.

El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico , se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal.




Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.
2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.



jueves, 6 de octubre de 2016

TIERRA DE MISTERIOS Y LEYENDAS.


Aragón es tierra de leyendas, desde la cumbre del Aneto, hasta el mágico Albarracín, pasando por Los Monegros, la convierten en una tierra llena de las más variopintas historias y misterios.
Muchos de estos cuentos, tienen su origen en el medievo, cuando los juglares iban de pueblo en pueblo entreteniendo a las gentes. Otras leyendas nos relatan orígenes mitológicos como en el caso de los Pirineos...
Las montañas, seres mágicos, algo más que una mole de roca puesta ahí por la mano de quién sabe quién.
El hombre y la naturaleza, la naturaleza y el hombre, binomio generador de infinitas historias y leyendas, como estas que os presento en este video que he encontrado para vosotros, que mezcla leyenda e historia con una dosis de de de misterios...
La leyenda o la realidad...quién sabe..


Os dejo este enlace del video...es interesante ymisterioso como siempre.






EL FUEGO EN ARAGÓN


En algunos lugares de Aragón las hogueras o xeras se encienden al raso, al igual que en la Sanchuanada. El fuego de la tierra anima al fuego celestial a volver a brillar, a encenderse de nuevo tras el solsticio. La luz en la calle servirá también para mantener alejados a los seres malignos que esta noche andan cerca, como luego veremos. El fuego más tradicional, sin embargo, se enciende dentro de la casa, en el fogaril. Y no sirve cualquier madera. Un antiquísimo culto a la Naturaleza pervive en esta costumbre. Hay que elegir un tronco especial, el de un árbol fuerte y longevo, pedir permiso y perdón al espíritu que habita en su interior antes de talarlo, y luego llevarlo hasta el fogaril. Es el rito de la Tronca o del Tizón. Prueba de su importancia en todo el territorio aragonés es la diversidad de nombres que recibe: tronca, tizón, tió, troncada, toza, tronc, choca, zoca, pullizo, rabasa, corniza, cabirón...


El fuego en el centro del hogar, reunida toda la familia en torno a él, un lugar mágico que conecta con el mundo de las almas, de las almetas. Los espíritus de familiares fallecidos se guiarán por el resplandor para volver esta noche a la Casa. La protegerán con su presencia fantasmal, y garantizarán su continuidad. A los espíritus hay que dejarles ofrendas, se les pone en la mesa comida, sobre todo, alubias. Esta costumbre de las donaciones a los antepasados es la que posiblemente evolucionó a través de los siglos a la de los regalos de Navidad.

Y la tronca, ¿sólo había que quemarla en el hogar? No, por supuesto, algo tan importante exige un ritual ancestral, repetido a lo largo de los siglos, y oficiado por algún miembro especial de la Casa. El fuego de Navidad aseguraba la continuidad de la Casa, garantizada por la presencia de los difuntos. Por ello, los encargados del ritual eran el varón más anciano o el más pequeño de la familia. Antes de quemar la Tronca había que bendecirla. Con la bendición y el encendido terminaba la ceremonia en el Pirineo y prepirineo occidental. El oriental y algunas otras zonas de Aragón incluían las baradas para que cagara la Tronca. Había fórmulas para uno y otro caso. Para bendecirla, una oración tipo sería:
"Buen varón, buena brasa;
buen Tizón, buena Casa;
Dios bendiga al amo y a la dueña de esta casa,y a los que en ella son".

Mientras el crío o el biello recitan las palabras ceremoniales, vierten el vino del porrón sobre la Tronca haciendo una cruz. Se puede bendecir además con las migas de una torta.

Cuando la Tronca tiene que cagar golosinas para los niños, estos deben darle baradas, golpes con las varas, una vez mojadas en agua o rebozadas en ceniza. La cancioncilla infantil es más larga que la bendición y admite más variantes, pero los versos más comunes son:
"Tronca de Nadal
Caga turrons y pixa vi blanc"

Algunos pueblos combinan las dos modalidades rituales, bendiciendo y golpeando al Tizón:
"Cabirón, cabirón
¡Caga turrón!".
Con la Tronca bendita se prende el fuego sagrado, comenzando por un extremo, y haciéndolo durar el mayor tiempo posible, variable según las zonas. El poder sobrenatural de la Tronca se transmite a las cenizas. Con ellas se garantiza una fértil siembra si acompaña a las semillas, se mezcla con el fiemo para fertilizante, sirve contra las plagas de los campos y como emplaste sanador de las heridas del ganado. La ropa más blanca es la que se lava con esas cenizas, dicen las ancianas. Además, un trozo de la Tronca no quemado, una tozeta, es talismán protector de entradas a la casa y a las mallatas, y defensor contra las tormentas.




FIESTAS DEL FUEGO DE LOS 

PIRINEOS

Declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2015.

Estas fiestas se celebran en torno a la noche de San Juan para celebrar el solsticio de verano, aunque en algunas ocasiones también en otras festividades, y sus orígenes podrían remontarse, según los expertos, a épocas precristianas vinculadas a ritos relacionados con los ritos solares y la purificación de las almas.

Se conocen tradicionalmente como "Fallas del Pirineo" y reflejan la regeneración cíclica de los lazos familiares y sociales mientras promueven la cultura del voluntariado, la solidaridad y la continuidad. La declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO supone un reconocimiento para todas las generaciones que a lo largo de los años han bajado sus fallas manteneniendo esta tradición.

Los vecinos, según la tradición, encienden una hoguera en un punto próximo al pueblo y con grandes antorchas, denominadas "fallas",formadas por un palo de avellano con trozos de tea atados en la punta, bajan hacia sus poblaciones definiendo una serpiente de fuego por el camino.

Se considera que las fiestas del fuego constituyen una ocasión para regenerar los vínculos sociales y fortalecer los sentimientos de pertenencia, identidad y continuidad de las comunidades, de ahí que su celebración vaya acompañada de comidas colectivas y cantos y bailes folclóricos.

Estas expresiones culturales están profundamente arraigadas en las comunidades y se perpetúan gracias a una red de asociaciones e instituciones locales. El lugar de transmisión más importante de este elemento del patrimonio cultural inmaterial es el hogar familiar, donde sus miembros lo conservan vivo en la memoria.
Esta manifestación cultural es única del Pirineo y se conserva en poblaciones de Aragón, concretamente en las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, Cataluña, Francia y Andorra ubicados en la MÁGICA CORDILLERA PIRENÁICA.


jueves, 8 de septiembre de 2016

UN POCO DE HISTORIA Y LEYENDA CON MILAGRO INCLUIDO.




JUAN II DE ARAGÓN,  SU OPERACIÓN DE CATARATAS Y SANTA ENGRACIA

El reinado de Juan II de Aragón estuvo marcado por sus intereses castellanos y navarros y por las guerras civiles en Cataluña donde hubo tres bandos enfrentados: la Generalitat que defendía los privilegios de la nobleza y pretendía la secesión de la Corona, los payeses de remensa que se sublevaron contra los privilegios de la nobleza y el ejército real que pretendía restaurar el viejo régimen y conseguir que Fernando, hijo de Juan II, fuera reconocido como sucesor y futuro rey.




La conjunción de intereses hizo que Juan II se aliara con los campesinos rebeldes contra la Diputación del General o Generalitat catalana, la cual había ofrecido el título de rey sucesivamente al Príncipe de Viana, al rey Enrique IV de Castilla, a Pedro de Portugal y a Renato I de Anjou.

Finalmente, Juan II logró imponerse a la Generalitat y tuvo que ser su hijo Fernando el Católico el que solucionara el conflicto con los payeses de remensa con la Sentencia de Guadalupe de 1486.

Las enfermedades también se unieron a las inquietudes que los enemigos le causaban a Juan II. Además de las fatigas que la guerra le produjo, perdió completamente la vista. Su hijo Fernando le ayudaba a soportar el peso del gobierno y en las Cortes de Zaragoza en 1.468 Don Juan le nombró Rey de Sicilia aunque Fernando apenas tenía diecisiete años.

Un médico de Lérida llamado Abiabar intentó devolverle la vista al rey. Con la ayuda de una aguja extrajo la catarata que le cubría el ojo derecho y habiendo tenido éxito con esta operación, el médico la realizó un mes más tarde en el ojo izquierdo con el mismo éxito.

Santa Engracia
En esta época, una curación como ésta podía parecer milagrosa y el pueblo la atribuyó a un poder sobrenatural. Se decía que el rey había sido curado porque sus ojos habían sido tocados con el clavo con el que habían matado a Santa Engracia.


                      

Y algo tendría que ver en la curación la santa zaragozana puesto que Juan II mandó construir un monasterio de jerónimos en el lugar en el que fue enterrado Santa Engracia junto con los cuerpos de otros mártires cesaraugustanos, lugar que fue conocido como las Santas Masas.

La parroquia de Santa Engracia era anterior a la construcción del citado monasterio. Estando Zaragoza bajo dominio árabe, Santa Engracia fue agregada al obispado de Huesca por el obispo Paterno en 1063, igual que la parroquia de San Gil. El obispo Bernardo (1138-1152) recuperó San Gil para Zaragoza. Sin embargo, la parroquia de Santa Engracia continuó dependiendo del obispado de Huesca hasta el año 1956.






lunes, 6 de junio de 2016

MISTERIOS EN EL ALTO ARAGÓN.


La raza maldita de los agotes aragoneses

Los agotes (al igual que los chuetas mallorquines, los vaqueros asturianos, los cretinos o incluso los payeses de remensa catalanes) constituyeron poblaciones absolutamente marginadas y subyugadas por la población autóctona repartidas por el Pirineo vasco, navarro, aragonés o francés. 

Según unas fuentes su procedencia vendría de los godos franceses, para otros podían ser cátaros y arrianos, según otros serían musulmanes vencidos en Poitiers en el año 733.



La primera mención se da en Francia en el cartulario de la Abadía de Luc en el año 1.000. A partir del siglo XVI se fueron promulgando con escaso éxito leyes para tratar de evitar la segregación a la que estaban sometidos pero todavía perduraría hasta entrado el siglo XX en el caso del barrio de Bozate en Navarra, el más famoso de los asentamientos agotes.

La raza de este pueblo maldito parece que era distinta del resto de la población. Pío Baroja dijo de ellos que algunos tenían un aire germánico y sin embargo otros recordaban a los gitanos.

          
Los agotes debían llevar bordado en rojo una pata de oca sobre fondo claro en su hombro izquierdo. Mucho se podría hablar sobre la simbología de la pata de oca, símbolo que podemos encontrar por ejemplo en los extremos de la cruz templaria, o en el crismón románico que son dos patas de oca superpuestas que forman la X y la P (iniciales de Cristo) y que se extendió por la península ibérica a partir de la catedral de Jaca. Es frecuente este símbolo a lo largo del camino de Santiago (camino espiritual divulgado a los no iniciados mediante el juego de la oca) y parece ser un símbolo iniciático usado por los constructores de esas iglesias románicas. Precisamente los agotes tenían fama de ser buenos constructores y se dedicaban a ser albañiles o carpinteros mientras que las mujeres trabajaban con la rueca.

El agote debía acceder a la iglesia franqueando una puertecilla vergonzante que le obligaba a entrar agachado. El agua bendita la recogía con la punta de un cucharón, asistía a misa en un rincón apartado destinado para ellos y el cura les daba la comunión en el extremo de una larga paleta. En su vida habitual, el agote debía abrevar en fuentes exclusivas para ellos, no podía dedicarse al comercio, solo podía cultivar campos de lino o cáñamo aunque se les permitía un pequeño huerto de subsistencia y no podían tener cabezas de ganado a excepción de un cerdo viudo y un asno. Eran acusados de llevar un estigma en su cuerpo, de transmitir la lepra, de oler mal (imagino que sería un mal común en la época y no solo entre los agotes), de no tener lóbulos en las orejas y de haber fabricado la cruz en la que murió Cristo. Por supuesto, estaban obligados a mantener la endogamia más absoluta, a vivir en barrios apartados y además eran enterrados en cementerios aparte.

Las comunidades agotes más importantes en Aragón se encontraban en los valles próximos a Jaca, valles de Echo, Ansó y Aragón y en el valle de Gistaín. Este último valle lo estudió la escritora chistabina recientemente fallecida Nieus L. Dueso Lascorz en su trabajo “Los agotes de Gestavi (Bal de Gistau)”. Este estudio está disponible en Pdf en la Universidad de la Rioja y se puede encontrar fácilmente con Google. Un indicio claro de la presencia de agotes es la existencia de una pequeña puerta en una iglesia por la que debían entrar humillados al templo. Según Bastian Lasierra podemos encontrar esas puertas en Ansó, Fago, Echo, Majones, Salvatierra, Sigüés, Berdún, Villanúa, Castiello, Barós y Plan.

jueves, 5 de mayo de 2016

ARAGÓN MISTERIOSO.



Siete curiosidades de


 Aragón.


Decenas de preguntas sobre nuestra vida, costumbres y territorio nos invaden cada día. Sin embargo, muchas veces tal como vienen se van antes de que podamos responderlas. Es el momento de contestar a algunas de las preguntas que, como aragonés o aragonesa, seguro te has planteado en alguna ocasión.

¿De dónde surge el nombre de la 'Campana de los perdidos'?



Cuenta la historia que a principios del siglo XVI, la Iglesia de San Miguel de los Navarros en Zaragoza, estaba rodeada en su parte más cercana al río Huerva por una maleza tan alta como espesa. Tan alta e infranqueable era la maraña que algunos zaragozanos se perdían al volver de trabajar entre la densa niebla invernal, teniendo que pasar la noche allí mismo. En el enero de 1529, dos mujeres fueron halladas muertas a la orilla del río. La maleza las desorientó y el frío hizo lo siguiente. Conmocionada, la ciudad decidió que una de las campanas de la torre tocaría cada media hora hasta las doce de la noche acompañada de un farol que luciría en lo más alto, guiando a los pérdidos.

¿Por qué las chimeneas del Pirineo tienen esa forma?



No son chimeneas, sino espantabrujas lo que sobresale de la mayoría de los tejados pirenaicos. Las grandes montañas aragonesas siempre han estado ligadas a las brujería y los aquelarres, por ello los habitantes de estos bellos parajes protegían sus casas como fuera necesario. En las chimeneas troncocónicas se colocaba una piedra o un objeto cónico en su parte superior para que hiciera de escudo a los maleficios que entraban por ella. Son una de las señas de la arquitectura pirenaica al igual que los esconjuraderos. Asimismo, era habitual que los habitantes de estas tierras colocaran en sus puertas ramas de boj o símbolos en forma de cruz.

¿Por qué los de Sabiñánigo son tan altos?


No solo son altos, sino que, según un estudio elaborado hace años por José Luis Nieto, excatedrático de la Universidad de Zaragoza, son los más altos de toda España. Con un 1,75 frente a la media española de 1,72. Según apuntaron en su día los expertos, algunas de las causas que han podido influir en este desarrollo han sido la alta calidad de vida de sus gentes, (la pobreza y la falta de higiene influye en la altura), la altitud de la localidad que favorece la síntesis de la vitamina D y la alimentación equilibrada. Sea lo que sea, los habitantes de la comarca del Alto Gállego pueden mirar por encima de cualquier otro. Que se lo digan a su poblador más alto: Fermín Arrudi, nacido en Sallent en 1870. Con sus 2,3 metros de altura era conocido como el Gigante Aragonés.

¿Por qué es un toro la imagen de Teruel?



Qué sería de Teruel sin su torico. Tan solo 45 centímetros de tamaño son capaces de despertar la emoción y la alegría de miles de personas para las fiestas de la Vaquilla. En el siglo XII, en un contexto de Reconquista, culturas enfrentadas y tradiciones, Alfonso II quería construir una villa amurallada a la que no pudieran entrar de nuevo los moros. Como era habitual, se soltaría un animal, y en el lugar en el que se le diera muerte, allí se levantaría la construcción. Como si de un extraño embrujo se tratara, el toro se detuvo, debajo de una estrella llamada Actuel, en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la plaza del Torico y bramó con insistencia. Los soldados no dudaron de que ese sería el lugar. El toro y la estrella Actuel dieron nombre a la actual provincia aragonesa. Tan grande es la devoción de los turolenses por su torico que fueron ellos los que lo resguardaron de las bombas en las duras batallas que azotaron Teruel en la Guerra Civil.

¿Por qué los quintos plantan el mayo?



A pesar de lo que algunos pensarán, no son los jovenzanos aragoneses que partían a la mili los que inventaron esta tradición. La plantación de el mayo es una costumbre que se remonta a la edad de los fenicios y que en su día servía como acto de bienvenida a la primavera. Siglo tras siglo, en Aragón y en otras partes de España y, sobre todo en los pueblos, se ha conservado esta sencilla actividad. Cientos de aragoneses que en su día marcharon al servicio militar dejaron su sello en mitad de la plaza en forma de mayo. Todavía hoy, de forma simbólica, los quintos siguen plantándolo el muchas localidades.

¿Por qué es común ver quebrantahuesos en Aragón, siendo una especie en extinción?



Aragón es desde hace años, pionera en la cría y conservación del quebrantahuesos. Un carroñero, que en su día invadía los cielos aragoneses siempre al acecho del paso de los rebaños pero que hoy hay que tratar con mimo para evitar su desaparición. La cordillera pirenaica agrupa el 85% de la población mundial de esta especie y la única silvestre del mundo. Según algunas estimaciones la población reproductora de quebrantahuesos en España está estimada en unas 134 unidades, 84 de ellas en Aragón, 40 en Cataluña y 10 en Navarra. Gracias a este programa, en 2018, los Picos de Europa contarán con 30 ejemplares cedidos por la comunidad.

¿Por qué la torre de San Juan de los Panetes está torcida?



Conocida por algunos turistas como la torre de Pisa de Zaragoza, la atalaya octogonal de la Iglesia de San Juan de los Panetes es posiblemente uno de los puntos más curiosos de la Plaza del Pilar. La famosa torre, fabricada a finales del XVI y puro reflejo del mudéjar aragonés, tiene un grado de inclinación obvio para la vista del visitante ya que presenta fallos en la cimentación. Un año después de ser declarada Monumento de Interés Nacional, en 1935, sufrió un grave incendio que destruyó algunos de sus elementos más bellos.

viernes, 11 de diciembre de 2015

LA HISTORIA DE UN PERSONAJE QUE AMÓ Y MURIÓ POR ARAGÓN.



El olifante de caza de Gastón IV de Bearn… 
(El Cruzado).

Publicado por identidad aragonesa


Hay palabras que, por sí solas, evocan todo un mundo: ¡¡¡Olifante!!! Casi se puede paladear al pronunciarla, ¿verdad? Un olifante es un instrumento de viento tallado en el extremo de un colmillo de elefante (de ahí viene la palabra) que utilizaban los caballeros medievales, soplando para hacerlo sonar. En el Museo Pilarista se puede ver uno de los mejores y más hermosos que se han conservado, el Olifante de caza de Gastón de Bearn.


No es una pieza cualquiera, ni muchísimo menos, pues a su enorme belleza hay que añadir que está cargada de historia. Pero antes de nada, ¿quién era Gastón de Bearn? ¿Qué relación tenía con Zaragoza? ¿Por qué dos de los gigantes de la comparsa de “Gigantes y cabezudos” representan a Gastón de Bearn y a una dama bearnesa?... Vamos a intentar descubrirlo.

Nos tenemos que ir ni más ni menos que al año 1118, concretamente al 18 de diciembre. ¿Qué estaba pasando? Pues que las tropas de Alfonso I el Batallador consiguieron conquistar Zaragoza a los musulmanes, que la llamaban Saraqusta. A pesar de que las crónicas decían del Batallador que “en Espanya no ovo tan buen cavallero que veynte nueve batallas vençió”, y que “non fue rey en Espanna que tanto ganasse de moros nin corriesse nin talasse nin tanto mal les fizies”, aquella empresa fue complicada. Ya desde el comienzo de su reinado (a la muerte de su hermano Pedro I, en 1104) puso en marcha la conquista del Valle del Ebro, pero era consciente de que para conquistar Zaragoza necesitaba la ayuda de los señores del sur de Francia, muchos de ellos amigos y familiares suyos. ¿Cómo les convenció de que le ayudaran?








Monumento a Alfonso I levantado para el VIII centenario de la conquista de la ciudad, en 1918





No fue tarea fácil, ni mucho menos. Para empezar, hubo que conseguir que el Papa declarase que la conquista de Zaragoza era una cruzada, exactamente igual que la de los Santos Lugares.

La primera Cruzada había tenido lugar unos veinte años antes y a ella habían ido multitud de caballeros en busca no solo de fortuna, sino también de indulgencias que les permitieran ganarse la vida eterna. Pues bien, la conquista de Zaragoza les ofrecía lo mismo y mucho más cerca de casa.


En aquella primera cruzada uno de los personajes más destacados fue Gastón, vizconde de Bearn, encargado de construir y dirigir las máquinas de guerra que lograron romper las defensas turcas en la conquista de Jerusalén, allá por el año 1099. Dos años después de aquello volvió a sus tierras y se dedicó a organizarlas. Con las riquezas que trajo de Oriente hizo numerosas construcciones relacionadas con el Camino de Santiago, como el hospital de Somport o la iglesia de Sainte Marie, en Oloron. En su portada románica aparece una curiosas escultura de un hombre montado sobre un caballo que pisotea a otro.









 Portada románica de la iglesia de Sainte Marie, en Oloron






Hay quien piensa que podría representar el triunfo de la Iglesia, personificada en el emperador Constantino, sobre el paganismo. O el triunfo del Bien sobre el Mal. O a Gastón de Bearn venciendo a los sarracenos. También hay quien piensa que los esclavos que sujetan el parteluz de la portada (la columna que divide la puerta en dos) podrían representar a los cautivos que hizo en Oriente. Sea así o no, lo cierto es que se había convertido en un personaje mítico aún en vida.

Aunque formalmente el Bearn formaba parte del reino de Francia, lo cierto es que por aquellos años eran mucho más estrechos los vínculos con Aragón, y de hecho en 1113 Gastón aparece mencionado como señor de Barbastro, lo que demuestra que ya luchaba junto a Alfonso I (primo de su mujer, Talesa) y era recompensado por ello. Así que a las fuerzas aragonesas y navarras de Alfonso se sumaron las de Gastón y las de muchos otros caballeros del sur de Francia. En 1117 conquistaron la zona de Morella y el Maestrazgo, cortando así las comunicaciones entre Valencia y Zaragoza, a la que pusieron sitio al año siguiente. 


El bearnés dirigió el asedio e hizo construir 20 catapultas y varios castillos rodantes similares a los usados en Jerusalén. Finalmente la ciudad se rindió y, aunque no se permitió el pillaje, los vencedores se repartieron grandes riquezas y Gastón de Bearn recibió desde entonces el título de señor de Zaragoza.




Interior del torreón de Pedro de Librana




Al poco de la conquista, en 1120, el rey y Gastón de Bearn entregan a Pedro de Librana, que había sido nombrado obispo de Zaragoza directamente por el papa, un trozo de la muralla para que construya allí un torreón que contribuya a mejorar las defensas de la ciudad. Ese torreón, que sería el germen del actual palacio arzobispal, se conserva entero, en toda su altura. Está dentro del actual Museo Diocesano (desde fuera no se aprecia nada), y en la fotografía de arriba podéis ver una sala que corresponde a su segunda planta. En los tiempos que siguieron a la conquista, los años en que Gastón de Bearn fue señor de Zaragoza, poco se pudo construir en Zaragoza, así que el hecho de que este torreón se conserve entero es algo absolutamente excepcional.


Gastón de Bearn siguió luchando con Alfonso I el Batallador hasta su muerte, que tuvo lugar en una expedición a Granada. Cuenta un cronista musulmán que le cortaron la cabeza y que “fue paseada por las calles, en la punta de una lanza, escoltada por el redoble de tambores. Esto devolvió la sonrisa al emir de los musulmanes, Ali ben Yusuf, que estaba en Marrakesh“. La cabeza fue enviada a Marrakesh y el cuerpo, que fue devuelto tras el pago de un fuerte rescate, acabó en la basílica del Pilar. Con las obras de construcción del actual edificio se perdió la memoria de aquella tumba, pero es tradición que su corazón está enterrado a los pies de la columna. Lo que sí puede verse es su olifante de caza, nada menos que la primera donación que conocemos a la Virgen del Pilar (que entonces todavía no era conocida por ese nombre).

El olifante es una bellísima pieza bizantina que quizá se trajo de la primera cruzada. Es una de las mejores que se conservan, y está decorada con hermosos relieves que quizá representen los trabajos de Hércules. El original está en el Pilar, pero hay reproducciones tanto en el Museo Diocesano de Zaragoza como en el Museo de la Torre de Uncastillo.



¿Cómo recuerda Zaragoza a Gastón de Bearn? Pues de la mejor manera posible, porque el mayor homenaje que te puede tributar esta ciudad es convertirte en un personaje de la comparsa de Gigantes y Cabezudos. En 1965 se incorporaron tanto él como una dama bearnesa, para simbolizar la estrecha relación entre Aragón y las tierras del otro lado del Pirineo a lo largo de siglos. Y cada año desde entonces, sin fallar uno, salen a las calles a contarles a miles y miles de niños la historia de su ciudad. Y por cierto… con su olifante colgando del hombro, como debe ser. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿DE DONDE PROVIENE LA FABLA ARAGONESA?...


LA LENGUA OCCITANA Y ARAGÓN.


El grupo de lenguas pirenaíco lo componen el occitano (incluyendo el gascón), el catalán y el aragonés. Las tres lenguas tienen muchas características en común comenzando por su mismo origen pirenaíco. De estas lenguas, la más importante a comienzos del segundo milenio fue el occitano ya que influyó decisivamente en las otras dos, fue la que tuvo un mayor número de hablantes, contó con una literatura admirada en toda Europa y tuvo una mayor proyección exterior. Incluso Dante llegó a incluir versos en occitano en La Divina Comedia. La cercanía con el catalán motivó una confusión entre ambas que perduró hasta la Renaixença catalana de finales del XIX. Hasta entonces era muy frecuente denominar al idioma catalán como lemosí (uno de los dialectos del occitano)

El área geográfica del occitano se extendía desde los Alpes italianos hasta Limoges, Burdeos y el Béarn. Por el Sur la frontera lingüística se encontraba en los Pirineos incluyendo el Valle de Arán y también se hablaba un dialecto occitano en Canfranc hasta entrado el siglo XIX.

El occitano llegó a ser idioma de uso frecuente en las cruzadas de Tierra Santa, sobre todo en los territorios como el condado de Tripoli dependientes de la casa condal de Tolosa.

El occitano fue la base de la lingua franca, una mezcla de lenguas utilizada como lengua común por los marinos en todo el Mediterráneo y que los portugueses llegaron a utilizar en sus expediciones a Asia, Africa y América. Emanuel d'Aranda, cautivo español en Argel en 1640 y nacido en Flandes, nos dejó ejemplos escritos de esta lengua en el relato en el que contó su cautividad.

Además de haber sido un idioma hablado en una parte de Aragón hasta el siglo XIX (dialecto canfranqués) el occitano tuvo en la Edad Media una gran relación con Aragón. Las ordenanzas municipales de Jaca recogidas en el Libro de la Cadena (Establimentz de Jaca) tienen abundantes rasgos occitanos gascones. Datan de principios del siglo XIII.

Trovador en la corte real
También fue idioma de uso común de la corte de algunos reyes aragoneses. Sobre todo durante los reinados de Alfonso II, Pedro II, Jaime I (nacido en Montpellier) y Pedro III los asuntos de la política occitana merecieron buena parte de sus esfuerzos. Todos ellos acogieron en su corte a un gran número de trovadores occitanos. Zurita nos dice en sus Anales que Alfonso II ennobleció a varios trovadores, les dio posesiones e incluso les eximió de impuestos y hasta se conserva una cançó en occitano compuesta por Alfonso II de Aragón cuyos versos finales son los siguientes:

Quan mi membra dels comjatz
Que pres de lieys totz forsatz,
Alegres suy et iratz;
Qu’ab sospirs mesclatz de plors
Me dis: “Belhs amics, tornatz,
Per merce, vas de me cors.”
Per qu’ieu tornaray viatz
Vas lieys, quar autre baysatz
No m’es delietz ni sabors.

Entre los trovadores medievales aragoneses en lengua occitana están Peire de Monzó, Peire Salvage o Thomás Périz de Fozes del que se conocen dos poemas. Los siguientes versos corresponden a su poema “Trop me desplay can vey falir”

Reys d’Arago, l’auta semensa
reyals don vos etz e d’Entensa
merçe totz temps ab cor franch e lial
ach, no guardan nuyl fayt descominal.

El profesor A. Ubieto señaló la posibilidad de que la Chanson de Sainte Foy (canción de Santa Fe), poema narrativo compuesto entre los siglos XI y XII, de autor desconocido y una de las primeras obras poéticas de la lengua de oc, se escribiera en Aragón, en Ribagorza concretamente.


Actualmente, la mayor influencia occitana en Aragón la podemos ver en dialectos orientales del aragonés como es el caso del benasqués aunque en todo el Pirineo aragonés hay aportaciones lingüísticas occitanas debidas al intenso contacto comercial y humano habido entre las dos vertientes pirenaicas.

domingo, 22 de noviembre de 2015

ARAGÓN Y OCCITANIA EN EL RECUERDO.

Las banderas de Aragón y Occitania.
La relación histórica de Aragón con Occitania viene de muy lejos. El primer conde franco de Aragón, Aureolo de Aragón (muerto en 809), era hijo del conde Aureolus de Perigord y posiblemente hermano de san Eparquio (Saint Cybard), presbítero, que pasó treinta y nueve años en completa soledad en una cueva de Angulema, en Aquitania, entregado a la oración. La misión del conde, como delegado del emperador Carlomagno, era mantener seguros los pasos pirenaicos del puerto del Palo y Somport entre Olorón y Zaragoza.

El nombre de Peña Oroel deriva del primer Conde de Aragón: (Aureolo allá por el año 800.

La política matrimonial de los condes y después los reyes de Aragón estuvo siempre encaminada a fortalecer las relaciones de los distintos condados occitanos con Aragón. Así pues, en las grandes empresas aragonesas hubo participación destacada de los aliados occitanos, por ejemplo, en la conquista de Barbastro en 1.064 por Sancho Ramírez. El año anterior, su antecesor Ramiro I había muerto peleando intentando conquistarla contra musulmanes y castellanos entre los que se encontraba el Cid.

Alfonso I el Batallador tubo en su amigo Gastón IV de Bearn el apoyo y la ayuda militar para conquistar Zaragoza en el 1118. Se dice...que el corazón de Gastón está enterrado en la Basílica del Pilar.

Alfonso II y Pedro II se dedicaron especialmente a la política occitana y fue la derrota occitano-aragonesa en la batalla de Muret (donde murió Pedro II) la que impidió la consolidación del que hubiera sido el estado europeo más importante de la época.

Durante el reinado de Pedro II la actual provincia de Teruel se encontraba despoblada desde la conquista a los árabes. Para repoblar toda la extremadura aragonesa, Pedro el Católico trajo multitud de mudéjares de su campaña de las Navas de Tolosa y asentó a muchos occitanos de los condados vasallos del otro lado de los Pirineos. Por eso, por la parte que nos toca a muchos aragoneses, podemos decir que buena parte de nuestra sangre es sangre occitana. La Corona de Aragón se convirtió en el refugio de los últimos cátaros que huían de las hogueras de la cruzada albigense.


Castillo de Pau. Sede del museo Bearnés.

La relación humana entre los dos territorios continuó después de la integración de la Occitania en el reino de Francia y de Aragón en el de España. El comercio y el contrabando fue constante a lo largo de la historia. Zaragoza durante su esplendor renacentista fue un polo de atracción para todo el Midi francés, especialmente para la Gascuña. Vinieron muchos gascones y occitanos que dejaron su recuerdo en nuestros apellidos, muchos de los cuales proceden de allí, por ejemplo la mayoría de los acabados en -AC y muchos otros que tienen su origen en el nombre de un pueblo occitano.
Típico pueblo del Pirineo Occitano... BORCES.



El folklore de nuestros valles es similar al de los valles pirenaicos de la vertiente norte. Si nos damos un paseo por las salas del museo bearnés de Pau nos resultarán muy familiares los trajes típicos, los instrumentos musicales como el chicotén, la música, la arquitectura popular, etc.

Buscando en internet encontré un video del himno occitano cantado en fabla aragonesa; ese himno o canción popular tambien se cantaba en los valles pirenáicos de Aragón. La relación que hubo con el Bearn francés fué muy estrecha... mucho más que en la actualidad.







domingo, 16 de noviembre de 2014

UNA RUTA INOLVIDABLE : EL SANTO GRIAL EN ARAGON.


Introducción.

En esta ruta vamos a conocer algunos de los monumentos que más se identifican con el concepto que todos tenemos en la cabeza de lo que debió ser la Edad Media: Monasterio viejo de S.Juan de la Peña, castillos inexpugnables, monasterios perdidos entre montañas y reliquias de poderes sobrenaturales que seducían a los peregrinos de toda la Cristiandad. Son conjuntos además, de un encanto especial por los parajes en los que se ubican en las sierras del Prepirineo, de una belleza que durante muchos años, ha quedado a la sombra de otros destinos más populares y promocionados como Ordesa o la Vall d'Aran. Y sin embargo estas montañas ariscas encierran algunos lugares de una belleza pura y adusta, que llega al alma del viajero con mucha intensidad, quizá porque permite admirar la inmensa llanura aragonesa en toda su dimensión y permite recordar la árdua aventura de la reconquista cristiana que comenzó por estas intrincadas montañas.





El Castillo de Loarre: Reino de los Cielos en tierras de Huesca


Nuestro primer destino es el castillo de Loarre, considerada la mejor fortaleza románica de toda Europa. Desde Huesca, la carretera se diCastillo de Loarrerige hacia la sierra que alberga el castillo con aire distraído, de forma paralela a las formaciones montañosas, hasta que decide acometer la subida de forma directa, y entre grandes cuestas. Desde lejos, Loarre se confunde con las montañas que lo rodean y cuesta fijarse en sus contornos; poco a poco, vamos distinguiendo la forma semicircular del ábside de su iglesia, y su formidable posición estratégica. Tiene su origen en el siglo X, aunque lo que vemos actualmente es fruto de la obra de Sancho Ramírez, que hacia el 1070 conquista definitivamente la fortaleza.

Este monarca tuvo la feliz idea de construir una capilla real como centro de un monasterio regido por la orden agustina. La integración entre el aspecto defensivo y el monacal de todo el conjunto es un auténtico prodigio, pues resulta difícil establecer una diferenciación entre ambos ámbitos en este edificio. En el exterior se han conservado algunas catapultas y parte del material utilizado por la producción "El Reino de los Cielos", que rodó aquí algunas de las escenas del comienzo de la película; la fama de Loarre en Hollywood es bastante conocida, y es habitual su presencia en muchas otras producciones de corte épico o medieval. En el mismo pueblo, situado más abajo, le podrán contar interesantes historias sobre el paso de famosos actores por estas tierras, con anécdotas que sirven para ilustrar recuerdos eternos. El recinto se encuentra rodeado de una muralla del siglo XIII que contribuía a dificultar el acceso a la roca, el núPortada de Loarrecleo más antiguo. La entrada principal se sitúa al sur, y consta de una puerta enmarcada en un arco de medio punto; fíjese en los capiteles de ambos lados, representando a un par de personajes y un grupo de monos, son de los mejores que pueden verse en Aragón. Sorprende al visitante tal refinamiento artístico en una construcción dirigida a la defensa, pero no debemos olvidar que esta entrada era la vía principal de acceso a las dos iglesias.

Al otro lado de la puerta, se abre una escalera muy empinada que sirve de distribuidor. Lo más interesante es la diferente altura de los escalones del centro y de los laterales, y que hasta hoy no ha encontrado una explicación clara; hacia la mitad de la escalera una puerta a mano derecha permite acceder a la iglesia baja o cripta. La oscuridad reinante, sólo tamizada por la escasa luz que se filtra a través de sus inmensos muros, produce una impresión de antigüedad y misticismo, auténticamente románica. Desde esta cripta, una pequeña oquedad da paso a una escalera de caracol que sube hasta la iglesia de San Pedro, o iglesia alta. La sensación de armonía y belleza que desprende es difícilmente olvidable; una preciosa arquería ciega recorre el ábside, sin más ornamentos que los relieves de sus capiteles, y la imposta que recorre todo el conjunto. Sorprende la considerable altura del templo, teniendo en cuenta que esta gran cantidad de piedra reposa a su vez en la cripta que acabamos de ver. Las ventanas se sitúan por tanto en una posición elevada que otorga una interesante luminosidad al interior que hará las delicias de los fotógrafos. En uno de los lados del ábside, emerge de forma poderosa la roca que cimenta Loarre, como si reivindicase Torre del Homenajeque ella también forma parte de esta fortaleza. Los capiteles que decoran las columnas tienen evidentes influencias orientales e islámicas, con finos entrelazos y palmetas, que se entremezclan con temática historiada. Pero lo más sobresaliente es la cúpula, de anillos concéntricos, que denota una maestría única en la Europa en el siglo XI. Saliendo de la iglesia, y subiendo de nuevo por la escalera central accedemos a la parte alta del castillo, organizado en torno al patio de armas, presidido por la torre del homenaje. Merece la pena ascender por su tortuosa escalera de ronda, hasta alcanzar su parte alta, desde la que se domina un paisaje sobrecogedor; desde esta altura, es imposible no sentirse un señor feudal, orgulloso de dominar tierras, campiñas, aldeas y praderas a simple vista en toda la hoya de Huesca. Se han conservado además diversas estancias palaciegas de la misma época, como la torre de la reina, donde los turistas quedan perplejos ante la existencia de un agujero excavado en los diferentes pisos, que hacía las veces de conducto para el retrete real. Pasadizos y galerías conforman un auténtico laberinto, perfectamente diseñado para frustrar cualquier intento de asedio del corazón del castillo, y que conforma el marco perfecto para dar rienda suelta a la imaginación. Cuando el atardecer ilumina sus muros, Loarre parece verdaderamente un centinela de piedra dorada, que todavía hoy sigue manteniendo las distancias con el enemigo musulmán, del que les separaba apenas unos kilómetros.




Los Mallos de Riglos y el Maestro de Agüero


Abandonamos Loarre descendiendo de nuevo a la hoya de Huesca, y alcanzando el valle del río Gállego hacia el este, un oasis de feracidad entorno al cual se disponen algunos pueblos cargados de historia. Uno de los más impactantes, es Riglos, minúscula aldea que aparece empequeñecida ante la enorme magnitud de sus célebres mallos. Cualquiera que los vea de lejos por primera vez, siempre se pregunta si Santa Cruz de la Serós realmente estamos ante una obra de la naturaleza o es un capricho de algún magnate para promocionar un nuevo parque temático de la escalada. Se trata de un conjunto de escarpes calizos de enorme altura, totalmente verticales, que caen a plomo sobre el curso del río. La piedra aparece perfectamente pulimentada por la acción de la erosión, y el paisaje se podría definir como una especie de panes de leche arrimados los unos con los otros. Desde todas partes vienen los amantes del vértigo para escalar estas paredes, consideradas de alta dificultad.





Es obligado disfrutar de la estampa en días soleados y al atardecer, cuando la roca parece incendiarse literalmente como un hierro incandescente y desprende un color inolvidable. Un poco más arriba del río, pero hacia el otro lado, se encuentra Agüero, dominado por un paisaje similar y menos conocido, que parece encerrar el pueblo en un pequeño anfiteatro rocoso. Visita obligada es la iglesia de Santiago, situada en lo alto de un monte que domina el pueblo; para llegar hasta ella hay que tomar un estrecho camino que con lluvias recientes puede convertirse en un lamentable barrizal. En cualquier caso no se atreva a pasar de largo, el maestro que trabajo en tímpanos y capiteles es el mismo que el de San Juan de la Peña, y aquí empieza a dejar evidencias de su inmenso talento y calidad: por poner un ejemplo, el capitel de la bailarina y el músico arpista, es una auténtica joya del románico español. Observe que son dos los capiteles dedicados a este motivo en la portada meridional, describiendo dos instantes diferentes de una escena que parece desarrollarse como un cómic; en primer lugar la danzarina espera la nota inicial de los músicos, mientras que a continuación se muestra la danza en plena ejecución. Por último el tímpano central nos muestra una Epifanía o Adoración de los Magos en el comenzaremos a ver la mano de un genio, de talento y estilo inconfundibles; observe el hieratismo de sus figuras y al mismo tiempo la sensación de cercanía y expresividad que siguen transmitiendo más de ocho siglos después.

Santa Cruz de la Serós: La gran torre


Continuamos nuestro camino hacia el norte, y alcanzamos por fin, la canal de Berdún, un valle transversal que permite diferenciar el Pirineo Axial, o principal, del resto de sierras prepirenáicas que estamos recorriendo. Esta ha sido desde siempre una vía tradicional de comunicación, y en la Edad Media, fue aprovechada por el camino de Santiago que venía desde Somport y Jaca, antes de alcanzar tierras navarras, lo que constituyó un importante factor para el desarrollo de la vida comercial y económica de primer orden en toda la zona. Naturalmente esto fue aprovechado también para el desarrollo de una intensa labor religiosa y evangelizadora, fruto de lo cual son las magníficas iglesias románicas que han llegado hasta nosotros. Santa Cruz de la Serós, la Serós es un pequeño pueblo, que conserva dos magníficas muestras de ello; una de ellas salta a la vista nada más entrar, por su gallarda y reconocible torre, se trata de la iglesia de Santa María, testigo de lo que fue un antiguo cenobio de una orden femenina benedictina.



Hoy solamente se conserva la iglesia de aquel primitivo cenobio, construido en el siglo XI por orden del rey Ramiro I. De esta fundación deriva el nombre del pueblo, pues Serós parece ser una corrupción de Sorores, o "hermanas". El exterior es una gran armonía, siendo lo más interesante su portada occidental, donde puede verse un crismón o símbolo de la divinidad cristiana idéntico al de la catedral de Jaca, y una magnífica muestra de canecillos de la más variada temática. En el interior, es imposible marcharse sin tomar la escalera que asciende a la torre, aunque sólo sea para admirar las maravillosas vistas que nos depara. Desde esta atalaya, se comprende mejor la integración del Románico con el paisaje, esa comunión que se consigue en este arte como en ningún otro del mundo. El caserío de Santa Cruz es muy pequeño, y parece protegido por las sierras de la Peña, que con sus curiosas formas, parecen rivalizar entre ellas. En esta iglesia debemos comprar las entradas para el monasterio de San Juan de la Peña, pero antes de prepararnos para su visita, conviene no olvidar el otro templo de Santa Cruz, dedicado a San Caprasio, una humilde pero acogedora iglesia de estilo románico lombardo. El estilo lombardo es una variante del Románico que tiene su origen en la región de la Lombardía italiana, y encontró en los Pirineos una nueva fuente de inspiraciones donde plasmar algunas de sus mejores obras; las iglesias lombardas son inconfundibles, especialmente por su ausencia de decoración escultórica, y por los arquillos ciegos que decoran el tejaroz o cornisa. Todo en San Caprasio desprende armonía y espiritualidad, y sus pequeñas dimensiones, no hacen sino acrecentar una sensación de recogimiento que difícilmente conseguiremos en una gran catedral.

San Juan de la Peña: La Caverna del Grial


Es hora de coger de nuevo el coche para dejarse llevar por la gran atracción de la ruta, el monasterio de San Juan de la Peña, uno de los símbolos monumentales de Aragón, que atrae cada año a miles de visitantes. La carretera no para de ascClaustro de S. Juan de la Peñaender desde Santa Cruz, a través de un paisaje que poco a poco se adentra en un bonito pinar, que deja luego su paso a un bosque de robles, encinas y hayas auténticamente mágico, que transporta en pocos minutos al visitante a un escenario natural encantador y retirado. A los diez kilómetros, al poco de doblar una curva aparece ante nuestra atenta mirada la postal mil veces retratada del monasterio viejo, acurrucado bajo una inmensa roca calcárea, de color rojizo, que más parece hecha de cartón piedra que realizada por la naturaleza. Aquí más que nunca el entorno fue el principio y origen primario de la fundación del cenobio, este paraje perdido fue escogido por unos pocos anacoretas para reunirse y crear el primer monasterio de San Juan Bautista del Monte Pano en el siglo IX. Estamos en pleno periodo mozárabe, cuando Aragón daba sus primeros pasos avanzando desde estas montañas para hacer frente al dominio del Islam.




Luego pasaría a manos de la orden de Cluny, levantándose la fábrica románica que domina la mayor parte del conjunto, siempre bajo la protección real. Por desgracia, o por fortuna según se mire, en época alta nos vemos obligado a continuar con nuestro vehículo sin deternernos hasta llegar, un kilómetro y medio más arriba a la explanada del nuevo monasterio. Desde aquí podremos coger un autobús turístico incluido en la entrada, que nos dejara en el viejo monasterio en 5 minutos, y listos para iniciar la visita.

San Juan de la Peña posee varios elementos artísticos que sirven como testigos de los diferentes estilos que por él han pasado. La iglesia baja, verdaderamente excavada bajo la montaña, es de claro arte mozárabe; lo más interesante en la penumbra reinante en todo el conjunto, lo que unido a los arcos de herradura y el techo bajo, genera una sensación de arcaísmo brutal. Parece como si en cualquier momento, fuéramos a ver a Sean Connery y a Cristian Slater persiguiendo a un monje asesino como en "El Nombre de la Rosa". En esta iglesia baja, lo más valioso son las pinturas románicas que decoran los ábsides, frescos pintados sobre la propia piedra, con escenas de la Crucifixión y del martirio de San Cosme y San Damián. En la parte alta, llegaremos hasta el panteón real, donde se conservan los sepulcros de los primeros reyes aragoneses que eligieron este enclave para reposar eternamente; incluso dice una leyenda que la esposa del Cid Campeador, Jimena, esta enterrada en una de las tumbas. Desde este panteón se accede a la iglesia alta, plenamente románica, de tres ábsides bajo la roca y de una gran belleza; eso si, hasta el más neófito en la materia se dará cuenta de la disonancia que genera la capilla construida en el siglo XVIII para acoger los restos de los primeros condes, trasladados desde el panteón. Una de las obras más ignominiosas que se pueden recordar junto a una construcción románica. Por contra la iglesia es una demostración de autenticidad, y sirve de marco grandioso, para la joya que alberga, el Santo Grial, la copa que utilizó Jesucristo para oficiar la última cena. En la actualidad la reliquia se conserva en la catedral de Valencia, pero aquí se guarda una réplica como recuerdo de su paso por San Juan de la Peña, donde estuvo custodiada de la cercana morisma. La verdad es que cuesta encontrar un lugar mejor para guardar un objeto de tanta importancia simbólica. Desde la iglesia salimos por una puerta mozárabe al claustro, uno de los más bellos de toda Europa, verdadera filigrana en piedra. Es muy difícil encontrarse sólo en este lugar, pero intente buscar el momento para llevarse consigo algo de la magia que es capaz de ejercer en el visitante, al igual que lo hacía con los monjes que lo vieron construir. 

Sus capiteles, obra del maestro que ya vimos en Agüero, tienen un estilo inconfundible, con sus figuras de ojos grandes y penetrantes, sus ropajes marcados y sus pliegues concéntricos. Pasear con la mirada por todos ellos exige seguir un orden, pues su temática historiada sigue al pie de la letra algunos de los más importantes pasajes del Génesis y de la vida de Jesús: si pudiéramos elegir algún precedente del comic moderno, este sería uno de los más evidentes que podríamos encontrar. Los monjes encontraban aquí la mejor forma de inspirarse para vivir una vida de retiro y dedicación a Dios. Curiosamente, este claustro nunca tuvo techumbre, sino que contaba únicamente con la protección de la roca como tejado; esto generaba peligros evidentes en el continuo deslizamiento de piedras que caían desde lo alto, lo que fue causa de la muerte de muchos de ellos. Afortunadamente el visitante ve con cierta tranquilidad y alivio como se ha instalado una red protectora que evita los desconchamientos y los posibles desplomes.

Finalizamos nuestra visita regresando al aparcamiento del monte Pano, donde hemos dejado el coche. Antes de terminar la ruta, es obligado conocer el monasterio nuevo, aunque sólo sea por ver un buen audiovisual que nos ayudará a comprender lo que hemos visto, y a cerrar la boca por un momento para tratar de racionalizar nuestro asombro. Pero si de puntos finales hablamos, lo ideal es animarse a pasear un rato hasta el balcón del Pirineos, un mirador extraordinario al que se llega por un sombrío bosque de hayas y otras especies en apenas 5 minutos, y desde el que se admira casi todo el Pirineo central; varios paneles explicativos, enseñan de forma didáctica a reconocer las principales cumbres, y de paso muestran las diferentes especies botánicas que podemos encontrar en la cordillera. Ver las montañas desde aquí, con sus cimas nevadas la mayor parte del año, nos hace entender lo que sintieron los hombres que eligieron este enclave para vivir y soñar con una vida más pura y espiritual, en perfecta unión con la naturaleza de la que tantas cosas tenemos que aprender....


CURIOSIDADES SOBRE EL AZAFRÁN EN ARAGÓN

ANÉCDOTAS CURIOSAS SOBRE EL AZAFRAN Y UNOS NARANJOS Carlos III el Noble, rey de Navarra, trató de aclimatar en Navarra el cultivo...